Los consultores pueden ser clasificados
en tres grandes categorías: especialistas individuales,
pequeñas firmas con equipos de especialistas, y las
grandes compañías que reúnen equipos
multidisciplinarios. Cada modelo tiene sus ventajas e inconvenientes,
que tendremos que valorar, a partir de nuestras propias
necesidades y expectativas.
Calidad del recurso
Tratando con un consultor individual, tenemos un retrato
claro de su experiencia, personalidad y comportamiento,
ya que la persona con quien nos entrevistamos es la misma
que acabará haciendo el trabajo. Podemos comprobar
fácilmente sus referencias, averiguar detalles de
sus actuaciones anteriores, etc ... De hecho, es muy probable
que hayamos contactado con él a través de
alguna recomendación personal.
La situación no es muy diferente cuando se trata
de pequeñas firmas. Tenemos una alta probabilidad
de que las personas que participen en el proyecto sean las
mismas que nos lo están vendiendo. Estas firmas acostumbran
a formarse a partir de un pequeño grupo de consultores
especializados que aúnan esfuerzos para consolidar
la actividad y racionalizar los recursos.
Las grandes firmas constituyen otro mundo. Pueden tener
totalmente diferenciadas las tareas comerciales y las de
realización del proyecto. Igualmente, distinguen
muy claramente las funciones de gerencia de los proyectos,
de la de ejecución de los mismos.
En todos los casos, con la propuesta de servicios profesionales,
los consultores nos darán su lista de referencias,
con el ánimo de influenciar nuestra decisión,
a base de incluir clientes pertenecientes a nuestro sector,
y/o con problemáticas parecidas a la nuestra. Estas
referencias pueden estar llenas de distorsiones. Veamos
algunas:

No tenemos la certeza de que los consultores que aparecen
formen parte realmente del equipo del proyecto. Es posible
que, precisamente por su experiencia y cualidad, hayan escalado
posiciones en la firma, y ahora ocupen cargos directivos,
sin participación activa en los proyectos.

Los currícula vitarum de los consultores pueden haber
sido "adaptados" a las características
de nuestro proyecto, enfatizando algunos aspectos, que no
se correspondan con sus habilidades actuales.

Con argumentos de confidencialidad, los clientes pueden
no aparecer con su nombre. Esto puede ser aceptable en el
documento escrito, pero habría que exigir conocer
su identidad verbalmente.

Algunas referencias pueden corresponder a otras oficinas
de la firma, incluso oficinas de otros países. Será
necesario asegurar que todos estos recursos puedan ser utilizados
en nuestro proyecto.
Sea cual fuere la opción escogida, tendremos que
formular el acuerdo sobre la base de que los consultores
son plenamente responsables de que los objetivos que dependen
de ellos se alcanzan. Incluso se puede plantear la posibilidad
de introducir al acuerdo cláusulas de penalización
para posibles retrasos en ejecución del proyecto,
cuando esta demora nos pueda perjudicar. Es obvio que el
primer perjudicado es el propio consultor, cuando el acuerdo
se haya hecho a precio cerrado, pero esto es un triste consuelo
si las consecuencias para la empresa cliente son graves.
Independientemente de los aspectos económicos, habrá
que revisar muy de cerca los trabajos hechos con demora.
En esta situación, es posible que se priorice el
hecho de acabar, por delante de la calidad del trabajo.
Como compradores de consultoría, estamos en nuestro
derecho de negociar la identidad, perfil, experiencia o
habilidades de los diversos miembros del equipo de consultores
que tengan que intervenir en nuestro proyecto.
Hemos de tener bien claro que todo el esfuerzo dedicado
a la planificación del proyecto se verá reflejado
en la calidad final del mismo.
¿Es importante el tamaño?
Las grandes firmas consultoras argumentan que ellas son
más expertas en más campos que sus pequeños
competidores. Esto es relativamente cierto porque, finalmente,
también las firmas grandes se dirigen a los mercados
donde obtienen mejores resultados y acaban limitando el
número de campos de actuación. Como compradores,
lo más importante no es encontrar una solución
para todos nuestros problemas, sino la mejor solución
para cada problema.
Hasta ahora, hemos olvidado deliberadamente los departamentos
de consultoría de las grandes firmas de auditoría.
Acostumbran a estar muy especializadas en algunos servicios,
como los financieros, los de Sistemas de Información
o la Búsqueda de Directivos, que les permitan ampliar
la oferta a sus clientes de auditoría.
La mayoría de los socios de auditoría de estas
firmas todavía menos tienen sus actividades consultoras
y pretenden gestionarlas a imagen de la auditoría,
cuando la realidad de ambas actividades es muy diferente.
Mientras la auditoría es una actividad recurrente,
año tras año, la de consultoría es
para una única vez. El cliente interviene muy poco
en la auditoría, pero quiere vivir muy de cerca un
proyecto de consultoría. Las recomendaciones de auditoría
liberan al auditor, las de consultoría comprometen
al consultor
La cuestión de la independencia también cuenta.
Es lógico que unos auditores critiquen la debilidad
de los controles internos de una empresa, ¡los cuales
han sido diseñados por su departamento de consultoría!
¿Podrán valorar objetivamente la fiabilidad
de sus procedimientos administrativos, en este caso?.
Ésta es, naturalmente, una antigua polémica,
pero mientras siga abierta, será bueno respetar la
norma de no utilizar simultáneamente sus servicios
de auditoría y de consultoría de la misma
firma. Veremos como, por separado, el servicio es mejor.
¿Cuánto
es necesario pagar?
Los consultores acostumbran a presupuestar sus servicios
en base a tarifas por hora o por día, de acuerdo
con el tiempo estimado para realizar el proyecto, y en función
de la composición del equipo de trabajo. El coste
de cada consultor depende de su experiencia, en general.
Todas estas magnitudes tendrán que ser evaluadas
en el momento de encargar un proyecto y valorar si el presupuesto
de honorarios es lógico o no.
Existen casos especiales, que son los consultores que facturan
el tiempo real empleado con cada cliente, cuando éste
solicita sus servicios, y también los que cobran
una cantidad fija cada mes, con independencia del uso que
el cliente haga de sus servicios. Acostumbran a ser profesionales
que atienden a consultas breves, que no pueden ser objeto
de la negociación de honorarios habitual.
En el caso de los consultores individuales, los honorarios
han de cubrir los períodos de inactividad y de comercialización,
mientras que en el de las firmas de consultoría,
cubre toda la estructura, incluidos los sueldos del personal
directivo y auxiliar, que no imputa su tiempo directamente
en ningún proyecto.
Tratamiento de los gastos
Es necesario exigir que la propuesta explique qué
trato se dará a los gastos de los diferentes tipos,
como se justificarán, qué límites se
establecen o qué procesos se seguirán para
su autorización por parte del cliente.
¿Para la estantería?
La decisión de contratar consultoría se tiene
que tomar con prudencia y, quizás un poco a regañadientes,
con la convicción de que las recomendaciones serán,
no sólo interesantes, sino también útiles.
La compra por impulso tendrá que ser dejada para
otros productos más baratos.
Lluís Verbon