16 de Febrero de 2011 0

La empresa familiar (1): El nieto hunde la empresa

Por Lluis Verbon sobre Empresa familiar

Casi todas las empresas son familiares en las primeras etapas. Es una evidencia que unas prosperan y siguen existiendo tras varios relevos generacionales y otras no.

El tópico dice que un fundador crea la empresa, su hijo la conserva y el nieto la hunde. Este planteamiento es simple, demagógico y falso. Para empezar, es tramposo plantear la situación en singular, como si hubiera un fundador, un hijo y un nieto. De hecho, cuando a un empresario de cuarta generación le pregunté por el secreto de la longevidad del negocio me dio la clave: “somos una familia de hijos únicos”, me respondió.

Para la mayoría de empresas la realidad suele ser más compleja. El patriarca y fundador del negocio cree hallar su autorrealización en la fusión de sus dos proyectos, familia y empresa. Así, va inculcando a los niños (he conocido a muchos que en este terreno excluían a las hijas) la idea de seguir sus pasos. Hay factores que juegan a su favor: a los adolescentes les cuesta encontrar su vocación profesional y la opción de entrar en la empresa siempre es una alternativa que parece interesante. Si alguno de los cachorros es más listo, o más inquieto, o, simplemente vea venir que se está metiendo en un lío, es posible que abandone y busque su propio destino. Una cosa está clara: el conformista, el menos emprendedor, el más diferente a su padre seguro que se queda. Y, a veces, de éstos hay más de uno.
El patriarca muestra una gran tendencia a proteger a sus retoños, que ascienden en el organigrama a un ritmo privilegiado hasta alcanzar posiciones que normalmente les superan. O, en todo caso, así lo ven el resto de colaboradores, cuyo nivel de motivación resulta afectado por lo que consideran un juego con las cartas marcadas.

Los hijos van creciendo, crean su propia familia, con lo cual aparecen unos hasta entonces desconocidos que creen adquirir el derecho de opinar sobre los avatares del negocio en las sobremesas de los domingos, los yernos y nueras que tampoco descartan incorporarse a la plantilla y, tarde o temprano, los nietos. Y nietos, si los sumamos todos, puede haber una cantidad nada despreciable.

En vida del patriarca, todo acostumbra a resistir. Pero la calma no le sobrevive mucho. He conocido agrias discusiones entre los hermanos ante el cadáver del padre y fundador. Podría hacer una larga lista de hermanos que, una vez desaparecido el predecesor han dejado de hablarse, e incluso poner ejemplos de algunos que, en su batalla, han utilizado la empresa de arma arrojadiza, con las consecuencias previsibles. Ante este escenario, y volviendo al tópico, echarle las culpas a los nietos me parece excesivo.